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Thursday, October 10, 2013

Oidor Olvidadizo o Oidor Hacedor?

Estoy re-memorizando el capítulo 1 de Santiago. Hace muchos años cuando era mucho más joven lo memorizé en la antigua versión 1909 de la Reina Valera (mi primer Biblia). Bueno lo importante es lo que estoy aprendiendo. Me llamó la atención este pasaje el día hoy:
"21 Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas. 22 Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos."



El contexto del libro es importante para entender este pasaje. Los cristianos (Judíos creyentes) estaban sufriendo pruebas debido a su fe. Aún en la iglesia había discriminación. Muchos de ellos sin duda estaban agobiados y me imagino que comenzaron a dudar de la bondad de Dios. ¿Será Dios culpable de mis pruebas y aun tentaciones?
En este pasaje Santiago les invita a dejar todo lo que es moralmente sucio, todo mal deseo en contra de Dios. En lugar de esto deben recibir en sus corazones La Palabra injertada (algo injertado llega a ser parte de la persona) la cual puede salvarles de lo que están experimentando. Salvar sus almas en este contexto se refiere a su condición moral no a su salvación. Deben recibir La Palabra con mansedumbre, humildad. En este periodo la iglesia no contaba con Biblias completas. Habían lectores que leían las Epístolas de los Apóstoles (como en éste caso la Epístola de Santiago) o El Antiguo Testamento a la congregación. Al escucharla, Santiago les dice, deben recibirla con mansedumbre. Sin duda que habían algunos que al escucharla comenzarón a dudar su pureza y rechazarla debido a sus experiencias y pruebas, algo que también sucede con nosotros. Santiago también les amonesta a ser "hacedores de la palabra." No basta sólo escucharla (no es malo escucharla, mire Apocalipsis 1:3) sino que hay que perseverar en ella, hay que obedecerla. Les da una ilustración de una persona que se vé en el espejo y se olvida que tal és y de otro que se vé y hace correcciones. El que mira atentamenta a la perfecta ley, La Palabra de Dios, y la obedece (o cumple) éste es el que es bienaventurado, bendecido en su acto de obediencia.
Aplica mucho éste pasaje a nuestras vidas. Sin duda escuchamos mucho acerca de La Palabra de Dios (mucho, mucho más que ellos), el domingo, a través de los medios de comunicación, y en nuestra lectura diaria. La pregunta es, ¿Somos oidores hacedores o oidores olvidadizos? Esta es una de las razones por las cuales estoy memorizando La Palabra. Necesito ser hacedor de ella. Quiero recibirla con mansedumbre en mi corazón.
¿Y tú, qué clase de oidor eres?

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