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Saturday, October 31, 2015

Martin Luther - 95 Tesis - 95 Theses

Las 95 Tesis de Martín Lutero. Corta biografía aquí. A short biography here.

95 Tesis en Español

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
  1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
  2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
  3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.
  4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.
  5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.
  6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
  7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
  8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.
  9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.
  10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.
  11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parece por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.
  12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.
  13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.
  14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menor sean aquéllas.
  15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.
  16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi desesperación y al seguridad de la salvación.
  17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.
  18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.
  19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.
  20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.
  21. En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.
  22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.
  23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.
  24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.
  25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.
  26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.
  27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.
  28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.
  29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.
  30. Nadie está seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.
  31. Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.
  32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.
  33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.
  34. Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.
  35. Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confessionalia.
  36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
  37. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.
  38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la remisión divina.
  39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
  40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.
  41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.
  42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.
  43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.
  44. Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cambio, no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.
  45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.
  46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes superfluos, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.
  47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.
  48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.
  49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.
  50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.
  51. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.
  52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.
  53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.
  54. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.
  55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante)deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
  56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.
  57. Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.
  58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.
  59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el término en el sentido de su época.
  60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
  61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.
  62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.
  63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.
  64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.
  65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.
  66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.
  67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.
  68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.
  69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.
  70. Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.
  71. Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.
  72. Mas quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.
  73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.
  74. Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.
  75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.
  76. Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en concierne a la culpa.
  77. Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.
  78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª de Corintios 12.
  79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.
  80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.
  81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.
  82. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones si él redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?
  83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?
  84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por que no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?
  85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?
  86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?
  87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y qué participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?
  88. Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?
  89. Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?
  90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.
  91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del Papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.
  92. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: "Paz, paz"; y no hay paz.
  93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz.
  94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
  95. Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

Wittenberg, 31 de octubre de 1517.

95 Theses in English


Out of love for the truth and the desire to bring it to light, the following propositions will be discussed at Wittenberg, under the presidency of the Reverend Father Martin Luther, Master of Arts and of Sacred Theology, and Lecturer in Ordinary on the same at that place. Wherefore he requests that those who are unable to be present and debate orally with us, may do so by letter.
In the Name our Lord Jesus Christ. Amen.
    1. Our Lord and Master Jesus Christ, when He said Poenitentiam agite, willed that the whole life of believers should be repentance.
    2. This word cannot be understood to mean sacramental penance, i.e., confession and satisfaction, which is administered by the priests.
    3. Yet it means not inward repentance only; nay, there is no inward repentance which does not outwardly work divers mortifications of the flesh.
    4. The penalty [of sin], therefore, continues so long as hatred of self continues; for this is the true inward repentance, and continues until our entrance into the kingdom of heaven.
    5. The pope does not intend to remit, and cannot remit any penalties other than those which he has imposed either by his own authority or by that of the Canons.
    6. The pope cannot remit any guilt, except by declaring that it has been remitted by God and by assenting to God's remission; though, to be sure, he may grant remission in cases reserved to his judgment. If his right to grant remission in such cases were despised, the guilt would remain entirely unforgiven.
    7. God remits guilt to no one whom He does not, at the same time, humble in all things and bring into subjection to His vicar, the priest.
    8. The penitential canons are imposed only on the living, and, according to them, nothing should be imposed on the dying.
    9. Therefore the Holy Spirit in the pope is kind to us, because in his decrees he always makes exception of the article of death and of necessity.
    10. Ignorant and wicked are the doings of those priests who, in the case of the dying, reserve canonical penances for purgatory.
    11. This changing of the canonical penalty to the penalty of purgatory is quite evidently one of the tares that were sown while the bishops slept.
    12. In former times the canonical penalties were imposed not after, but before absolution, as tests of true contrition.
    13. The dying are freed by death from all penalties; they are already dead to canonical rules, and have a right to be released from them.
    14. The imperfect health [of soul], that is to say, the imperfect love, of the dying brings with it, of necessity, great fear; and the smaller the love, the greater is the fear.
    15. This fear and horror is sufficient of itself alone (to say nothing of other things) to constitute the penalty of purgatory, since it is very near to the horror of despair.
    16. Hell, purgatory, and heaven seem to differ as do despair, almost-despair, and the assurance of safety.
    17. With souls in purgatory it seems necessary that horror should grow less and love increase.
    18. It seems unproved, either by reason or Scripture, that they are outside the state of merit, that is to say, of increasing love.
    19. Again, it seems unproved that they, or at least that all of them, are certain or assured of their own blessedness, though we may be quite certain of it.
    20. Therefore by "full remission of all penalties" the pope means not actually "of all," but only of those imposed by himself.
    21. Therefore those preachers of indulgences are in error, who say that by the pope's indulgences a man is freed from every penalty, and saved;
    22. Whereas he remits to souls in purgatory no penalty which, according to the canons, they would have had to pay in this life.
    23. If it is at all possible to grant to any one the remission of all penalties whatsoever, it is certain that this remission can be granted only to the most perfect, that is, to the very fewest.
    24. It must needs be, therefore, that the greater part of the people are deceived by that indiscriminate and highsounding promise of release from penalty.
    25. The power which the pope has, in a general way, over purgatory, is just like the power which any bishop or curate has, in a special way, within his own diocese or parish.
    26. The pope does well when he grants remission to souls [in purgatory], not by the power of the keys (which he does not possess), but by way of intercession.
    27. They preach man who say that so soon as the penny jingles into the money-box, the soul flies out [of purgatory].
    28. It is certain that when the penny jingles into the money-box, gain and avarice can be increased, but the result of the intercession of the Church is in the power of God alone.
    29. Who knows whether all the souls in purgatory wish to be bought out of it, as in the legend of Sts. Severinus and Paschal.
    30. No one is sure that his own contrition is sincere; much less that he has attained full remission.
    31. Rare as is the man that is truly penitent, so rare is also the man who truly buys indulgences, i.e., such men are most rare.
    32. They will be condemned eternally, together with their teachers, who believe themselves sure of their salvation because they have letters of pardon.
    33. Men must be on their guard against those who say that the pope's pardons are that inestimable gift of God by which man is reconciled to Him;
    34. For these "graces of pardon" concern only the penalties of sacramental satisfaction, and these are appointed by man.
    35. They preach no Christian doctrine who teach that contrition is not necessary in those who intend to buy souls out of purgatory or to buy confessionalia.
    36. Every truly repentant Christian has a right to full remission of penalty and guilt, even without letters of pardon.
    37. Every true Christian, whether living or dead, has part in all the blessings of Christ and the Church; and this is granted him by God, even without letters of pardon.
    38. Nevertheless, the remission and participation [in the blessings of the Church] which are granted by the pope are in no way to be despised, for they are, as I have said, the declaration of divine remission.
    39. It is most difficult, even for the very keenest theologians, at one and the same time to commend to the people the abundance of pardons and [the need of] true contrition.
    40. True contrition seeks and loves penalties, but liberal pardons only relax penalties and cause them to be hated, or at least, furnish an occasion [for hating them].
    41. Apostolic pardons are to be preached with caution, lest the people may falsely think them preferable to other good works of love.
    42. Christians are to be taught that the pope does not intend the buying of pardons to be compared in any way to works of mercy.
    43. Christians are to be taught that he who gives to the poor or lends to the needy does a better work than buying pardons;
    44. Because love grows by works of love, and man becomes better; but by pardons man does not grow better, only more free from penalty.
    45. 45. Christians are to be taught that he who sees a man in need, and passes him by, and gives [his money] for pardons, purchases not the indulgences of the pope, but the indignation of God.
    46. Christians are to be taught that unless they have more than they need, they are bound to keep back what is necessary for their own families, and by no means to squander it on pardons.
    47. Christians are to be taught that the buying of pardons is a matter of free will, and not of commandment.
    48. Christians are to be taught that the pope, in granting pardons, needs, and therefore desires, their devout prayer for him more than the money they bring.
    49. Christians are to be taught that the pope's pardons are useful, if they do not put their trust in them; but altogether harmful, if through them they lose their fear of God.
    50. Christians are to be taught that if the pope knew the exactions of the pardon-preachers, he would rather that St. Peter's church should go to ashes, than that it should be built up with the skin, flesh and bones of his sheep.
    51. Christians are to be taught that it would be the pope's wish, as it is his duty, to give of his own money to very many of those from whom certain hawkers of pardons cajole money, even though the church of St. Peter might have to be sold.
    52. The assurance of salvation by letters of pardon is vain, even though the commissary, nay, even though the pope himself, were to stake his soul upon it.
    53. They are enemies of Christ and of the pope, who bid the Word of God be altogether silent in some Churches, in order that pardons may be preached in others.
    54. Injury is done the Word of God when, in the same sermon, an equal or a longer time is spent on pardons than on this Word.
    55. It must be the intention of the pope that if pardons, which are a very small thing, are celebrated with one bell, with single processions and ceremonies, then the Gospel, which is the very greatest thing, should be preached with a hundred bells, a hundred processions, a hundred ceremonies.
    56. The "treasures of the Church," out of which the pope. grants indulgences, are not sufficiently named or known among the people of Christ.
    57. That they are not temporal treasures is certainly evident, for many of the vendors do not pour out such treasures so easily, but only gather them.
    58. Nor are they the merits of Christ and the Saints, for even without the pope, these always work grace for the inner man, and the cross, death, and hell for the outward man.
    59. St. Lawrence said that the treasures of the Church were the Church's poor, but he spoke according to the usage of the word in his own time.
    60. Without rashness we say that the keys of the Church, given by Christ's merit, are that treasure;
    61. For it is clear that for the remission of penalties and of reserved cases, the power of the pope is of itself sufficient.
    62. The true treasure of the Church is the Most Holy Gospel of the glory and the grace of God.
    63. But this treasure is naturally most odious, for it makes the first to be last.
    64. On the other hand, the treasure of indulgences is naturally most acceptable, for it makes the last to be first.
    65. Therefore the treasures of the Gospel are nets with which they formerly were wont to fish for men of riches.
    66. The treasures of the indulgences are nets with which they now fish for the riches of men.
    67. The indulgences which the preachers cry as the "greatest graces" are known to be truly such, in so far as they promote gain.
    68. Yet they are in truth the very smallest graces compared with the grace of God and the piety of the Cross.
    69. Bishops and curates are bound to admit the commissaries of apostolic pardons, with all reverence.
    70. But still more are they bound to strain all their eyes and attend with all their ears, lest these men preach their own dreams instead of the commission of the pope.
    71. He who speaks against the truth of apostolic pardons, let him be anathema and accursed!
    72. But he who guards against the lust and license of the pardon-preachers, let him be blessed!
    73. The pope justly thunders against those who, by any art, contrive the injury of the traffic in pardons.
    74. But much more does he intend to thunder against those who use the pretext of pardons to contrive the injury of holy love and truth.
    75. To think the papal pardons so great that they could absolve a man even if he had committed an impossible sin and violated the Mother of God -- this is madness.
    76. We say, on the contrary, that the papal pardons are not able to remove the very least of venial sins, so far as its guilt is concerned.
    77. It is said that even St. Peter, if he were now Pope, could not bestow greater graces; this is blasphemy against St. Peter and against the pope.
    78. We say, on the contrary, that even the present pope, and any pope at all, has greater graces at his disposal; to wit, the Gospel, powers, gifts of healing, etc., as it is written in I. Corinthians xii.
    79. To say that the cross, emblazoned with the papal arms, which is set up [by the preachers of indulgences], is of equal worth with the Cross of Christ, is blasphemy.
    80. The bishops, curates and theologians who allow such talk to be spread among the people, will have an account to render.
    81. This unbridled preaching of pardons makes it no easy matter, even for learned men, to rescue the reverence due to the pope from slander, or even from the shrewd questionings of the laity.
    82. To wit: -- "Why does not the pope empty purgatory, for the sake of holy love and of the dire need of the souls that are there, if he redeems an infinite number of souls for the sake of miserable money with which to build a Church? The former reasons would be most just; the latter is most trivial."
    83. Again: -- "Why are mortuary and anniversary masses for the dead continued, and why does he not return or permit the withdrawal of the endowments founded on their behalf, since it is wrong to pray for the redeemed?"
    84. Again: -- "What is this new piety of God and the pope, that for money they allow a man who is impious and their enemy to buy out of purgatory the pious soul of a friend of God, and do not rather, because of that pious and beloved soul's own need, free it for pure love's sake?"
    85. Again: -- "Why are the penitential canons long since in actual fact and through disuse abrogated and dead, now satisfied by the granting of indulgences, as though they were still alive and in force?"
    86. Again: -- "Why does not the pope, whose wealth is to-day greater than the riches of the richest, build just this one church of St. Peter with his own money, rather than with the money of poor believers?"
    87. Again: -- "What is it that the pope remits, and what participation does he grant to those who, by perfect contrition, have a right to full remission and participation?"
    88. Again: -- "What greater blessing could come to the Church than if the pope were to do a hundred times a day what he now does once, and bestow on every believer these remissions and participations?"
    89. "Since the pope, by his pardons, seeks the salvation of souls rather than money, why does he suspend the indulgences and pardons granted heretofore, since these have equal efficacy?"
    90. To repress these arguments and scruples of the laity by force alone, and not to resolve them by giving reasons, is to expose the Church and the pope to the ridicule of their enemies, and to make Christians unhappy.
    91. If, therefore, pardons were preached according to the spirit and mind of the pope, all these doubts would be readily resolved; nay, they would not exist.
    92. Away, then, with all those prophets who say to the people of Christ, "Peace, peace," and there is no peace!
    93. Blessed be all those prophets who say to the people of Christ, "Cross, cross," and there is no cross!
    94. Christians are to be exhorted that they be diligent in following Christ, their Head, through penalties, deaths, and hell;
    95. And thus be confident of entering into heaven rather through many tribulations, than through the assurance of peace.

In Latin


Amore et studio elucidande veritas hec subscripta disputabuntur Wittenberge, Presidente R.P. Martino Lutter, Artium et S. Theologie Magistro eiusdemque ibidem lectore Ordinario. Quare petit, ut qui non possunt verbis presentes nobiscum disceptare agant id literis absentes. In nomine domini nostri Hiesu Christi. Amen.

  1. Dominus et magister noster Iesus Christus dicendo ,Penitentiam agite etc.' omnem vitam fidelium penitentiam esse voluit.
  2. Quod verbum de penitentia sacramentali (id est confessionis et stisfactionis, que sacerdotum ministerio celebratur) non potest intelligi.
  3. Non tamen solam intendit interiorem, immo interior nulla est, nisi foris operetur varias carnis mortificationes.
  4. Manet itaque pena, donec manet odium sui (id est penitentia vera intus), scilicet usque ad introitum regni celorum.
  5. Papa non vult nec potest ullas penas remittere preter eas, quas arbitrio vel suo vel canonum imposuit.
  1. Dominus et magister noster Iesus Christus dicendo ,Penitentiam agite etc.' omnem vitam fidelium penitentiam esse voluit.
  2. Quod verbum de penitentia sacramentali (id est confessionis et stisfactionis, que sacerdotum ministerio celebratur) non potest intelligi.
  3. Non tamen solam intendit interiorem, immo interior nulla est, nisi foris operetur varias carnis mortificationes.
  4. Manet itaque pena, donec manet odium sui (id est penitentia vera intus), scilicet usque ad introitum regni celorum.
  5. Papa non vult nec potest ullas penas remittere preter eas, quas arbitrio vel suo vel canonum imposuit.
  6. Papa non potest remittere ullam culpam nisi declarando et approbando remissam a deo Aut certe remittendo casus reservatos sibi, quibus contemptis culpa prorsus remaneret.
  7. Nulli prorsus remittit deus culpam, quin simul eum subiiciat humiliatum in omnibus sácerdoti suo vicario.
  8. Canones penitentiales solum viventibus sunt impositi, nihilque morituris eosdem debet imponi.
  9. Inde bene nobis facit spiritussanctus in papa excipiendo in suis decretis semper articulum motris et necessitatis.
  10. Indocte et male faciunt sacerdotes ii, qui morituris penitentias canonicias in purgatorium reservant.
  11. Zizania illa de mutanda pena Canonica in penam purgatorii videntur certe dormientibus episcopis seminata.
  12. Olim pene canonice non post, sed ante absolutionem imponebantur tanquam tentamenta vere contritionis.
  13. Morituri per mortem omnia solvunt et legibus canonum morituri iam sunt, habentes irue earum relaxationem.
  14. Imperfecta sanitas seu charitas morituri necessario secum fert magnum timorem, tantoque maiorem, quanto minor ferit ipsa.
  15. Hic timor et horror satis est se solo (ut alia taceam) facere penem purgatorii, cum sit proximus desperationis horrori.
  16. Videntur infernus, purgatorium, celum differre, sicut desperatio probe deperatio, decuritas differunt.
  17. Necassarium videtur animabus in purgatorio sciut minui horrorem, ita ugeri charitatem.
  18. Nec probatum vidertur ullis aut rationibus aut scripturis, quod sint statum meriti seu augende charitatis.
  19. Nec hoc probatum esse videtur, quod sint de sua betitudine certe et secure, saltem, licet nos certissimi simus.
  20. Igitur papa per remissionem plenariam omnium penarum non simpliciter omnium intelligit, sed a seipso tantummodo imposarium.
  21. Errant itaque indulgentiarum predicatres ii, qui dicunt per pape indulgentias hominem ab omni pena solvi et salvari.
  22. Quin nullam remittit animabus in purgatorio, quam in hac vita debuissent secundum Canones solvere.
  23. Si remissio ulla omnium omnino perarum potest alicui dari, certum est eam non nisi perfectissimis, i.e. paucissimis.
  24. Falli ob id necesse est maiorem partem populi per indifferentem illam et magnificam pene solute promissionem.
  25. Qualem potestatem habet papa in purgatorium generaliter, talem habet quilibet Episcorpus et Curatus in sua diocesi et parachia specialiter.
  26. Optime facit papa, quod non potestate clavis (quam nullam habet) sed per modum suffragii dat animabus remissionem.
  27. Hominem predicant, qui statim ut iactus nummus in cistam tinnierit evolare dicunt animam.
  28. Certum est, nummo in cistam tinniente augeri questum et avariciam posse: suffragium autem ecclesie est in arbitrio dei solius.
  29. Quis scit, si omnes anime in purgatorio velint redimi, sicut de s. Severino et Paschali factum narratur.
  30. Nullus securus est de veritate sue contritionis, multominus de consecutione plarie remissionis.
  31. Quam rarus est vere penitens, tam rarus est vere indulgentias redimens, i.e. rarissimus.
  32. Damnabuntur ineternum cum suis magistris, qui per literas veniarum securos sese credunt de sua salute.
  33. Cavendi sunt nimis, qui dicunt venias illas Pape donum esse illud dei inestimabile, quo reconciliatur homo deo.
  34. Gratie enim ille veniales tantum respiciunt penas satisfactionis ab homine constitutas.
  35. Non christiana predicant, qui docent, quod redempturis animas vel confessoinalia non sit necessaria contritio.
  36. Quilibet christianus vere compunctus habet remissionem plenariam a pena et culpa etiam sine literis veniarum sibi debitam.
  37. Quilibet verus christianus, sive vivus sive mortuus, habet participationem omnium bonorum Christi et Ecclesie etiam sine literis veniarum a deo sibi datum.
  38. Remissio tamen et participatio Pape nullo modo est contemnende, quia (vt dixi) est declaratio remissionis divine.
  39. Difficillium est etiam doctissimis Theologis simul extollere veniarum largitatem et contritionis veritatem coram populo.
  40. Contritionis veritas penas querit et amat, Veniarum autem largitas relaxat et odisse facit, saltem occasione.
  41. Caute sunt venie apostolice predicande, ne polulus false intelligat eas preferri ceteris bonis operibus charitatis.
  42. Docendi sunt christiani, quod Pape mens non est redemptionem veniarum ulla ex parte comparandam esse operibus misericordie.
  43. Docendi sunt christiani, quod dans pauperi aut mutuans egenti melius facit quam si venias redimeret.
  44. Quia per opus charitatis crescit et fit homo melior, sed per venias non fit melior sed tantummode a pena liberior.
  45. Docendi sunt christiani, quod, qui videt egenum et neglecto eo dat pro veniis, non indulgentias Pape sed indignattionem dei sibi vendicat.
  46. Docendi sunt christiani, quod nisi superfluis abendent nessaria tenentur domui sue retinere et nequaquam propter venias effundere.
  47. Docendi sunt christiani, quod redemptio veniarum est libera, non precepta.
  48. Docendi sunt christiani, quod Papa sicut magis eget ita magis optat in veniis dandis pro se devotam orationem quam promptam pecuniam.
  49. Docendi sunt christiani, quod venie Pape sunt utiles, si non in eas confidant, Sed nocentissime, si timorem dei per eas amittant.
  50. Docendi sunt christiani, quod, si Papa nosset exactiones venialium predicatorum, mallet Basilicam s. Petri in cineres ire quam edificari cute, carne et ossibus ovium suarum.
  51. Docendi sunt christiani, quod Papa sicut debet ita vellet, etiam vendita (si opus sit) Basilica s. Petri, de suis penecuniis dare illis, a quorum plurimis quidam concionatores veniarum pecuniam eliciunt.
  52. Vana est fiducia salutis per literas veniarum, etiam si Commissarius, immo Papa ipse suam animam pro illis impigneraret.
  53. Hostes Christi et Pape sunt ii, qui propter venias predicandas verbum dei in aliis ecclesiis penitus silere iubent.
  54. Iniuria fit verbo dei, dum in eodem sermone equale ver lonius tempus impenditur veniis quam illi.
  55. Mens Pape necessario est, quod, si venie (quod minimum est) una campana, unis pompis et ceremoniis celebrantur, Euangelium (quod maximum est) centum campanis, centrum pompis, centrum ceremoniis predicetur.
  56. Thesauri ecclesie, unde Papa dat indulgentias, neque satis nominati sunt neque condniti apud populum Christi.
  57. Temporales certe non esse patet, quod non tam facile eos profundunt, sed tentummodo colligunt multi concionatorum.
  58. Nec sunt merita Christi et sanctorum, quia hec semper sine Papa operantur graniam hominus interioris et crusem, mortem infernumque exterioris.
  59. Thesauros ecclesie s. Laurentius dixit esse pauperes ecclesie, sed locutus est usu vocabuli suo tempore.
  60. Sine temeritate dicimus claves ecclesie (merito Christi donatas) esse thesaurum istum.
  61. Clarum est enim, quod ad remissionem penarum et casuum sola sufficit potestas Papa.
  62. Verus thesaurus ecclesie est sacrosanctum euangelium glorie et gratie dei.
  63. Hic autem est merito odiosissimus, quia ex primis facit novissimos.
  64. Thesaurus autem indulgentiarum merito est gratissimus, quia ex novissimis facit primos.
  65. Igitur thesauri Euangelici rhetia sunt, quibus olim piscabantur viros divitiarum.
  66. Thesauri indulgentiarum rhetia sunt, quibus nunc piscantur divitias virorum.
  67. Indulgentie, quas concionatores vociferantur maximas gratias, intelliguntur vere tales quod questum promovendum.
  68. Sunt tatem re vera minime ad gratia dei et crucis pitatem comparate.
  69. Tentur Episcopi et Curati veniarum apostolicarum Commissarios cum omni reverentia admittere.
  70. Sed magis tenentur omnibus oculis intendere, omnibus auribus advertere, ne pro commissione Pape sua illi somnia predicent.
  71. Contra veniarum apostolicarum veritatem qui loquitur, sit ille anathema et maladictus.
  72. Qui vero contra libidinem ec licentiam verborum Concionatoris veniarum curam agit, sit ille benedictus.
  73. Sicut Papa iuste fulminat eos, qui in fraudem negocii veniarum quacunque atre machinantur.
  74. Multomagis fulminare intendit eos, qui per veniarum pretextum in fraudem sancte charitatis et veritatis machinantur.
  75. Opinari venias papales tantas esse, ut solvere possint hominem, etiam si quis per impossible dei genitricem violasset, Est insanire.
  76. Dicimus contra, quod venie papales nec minimum venialium peccatorum tollere possint quo ad culpam.
  77. Quod dicitur, nec si s. Petrus modo Papa esset maiores gratias donare posset, est blasphemia in sanctum Petrum et Papum.
  78. Dicimus contra, quod etiam iste et quilibet papa maiores habet, scilicet Euangelium, virtutes, gratias curationum etc. ut 1. Co. xij.
  79. Dicere, Crucem armis papalibus insighiter erectam cruci Christi equivalere, blasphemia est.
  80. Rationem reddent Episcopi, Curati et Theologi, Qui tales sermones in populum licere sinunt.
  81. Facit hec licentiosa veniarum predicatio, ut nec reverentiam Pape facile sit etiam doctis viris redimere a calumniis aut certe argutis questionibus laicorum.
  82. Scilicet. Cur Papa non evacuat purgatorium propter sanctissiman charitatem et summam animarum necessitatem ut sausem omnium iustissimam, Si infinitas animas redimit propter pecuniam funestissimam ad structuram Basilice ut causam levissimam?
  83. Item. Cur permanent exequie et anniversaria defunctorum et non reddit aut recipi permittit beneficia pro illis instituta, cum iam sit iniura pro redemptis orare?
  84. Item. Que illa nova pietas Dei et Pape, quod impio et inimico propter pecuniam concedunt animam piam et amisam dei redimere, Et tatem propter necssitatem ipsius met pie et dilecte anime non redimunt eam gratuita charitate?
  85. Item. Cur Canones penitentiales re ipsa et non usu iam diu in senet abrogati at mortui adhuc tatem pecuniis redimuntur per concessionem indulgentiarum tanquam vivacissimi?
  86. Item. Cur Papa, cuius opes hodie sunt opulentissimis Crassis crassiores, non de suis pecuniis magis quam pauperum fidelium struit unam tantummodo Basilicam sancti Petri?
  87. Item. Quid remittit aut patricipat Papa iis, qui per contritionem perfectam ius habent plenarie remissionis et participationis?
  88. Item. Quid adderetur ecclesie boni maioris, Si Papa, sicut semel facit, ita centries in die culibet fidelium has remissiones et participationes tribueret?
  89. Ex quo Papa salutem querit animarum per venias magis quam pecunias, Cur suspendit literas et venias iam olim concessas, cum sint eque efficaces?
  90. Hec scrupulosissima laicorum argumenta sola potestate compescere nec reddita ratione diluere, Est ecclesiam et Papam hostibus ridendos exponere et infelices christianos facere.
  91. Si ergo venie secundum spiritum et mentem Pape predicarebtur, facile illa omnia solverentur, immo non esset.
  92. Valeant itaque omnes illi prophete, qui dicunt populo Chrsti ,Pax pax', et non est pax.
  93. Bene agant omnes illi prophete, qui discunt populo Christi ,Crux crux', et non est crux.
  94. Exhortandi sunt Christiani, ut caput suum Christum per penas, mortes infernosque sequi studeant,
  95. Ac sic magis per multas tribulationes intrare celum quam per securitatem pacis confidant.

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